Durmió a las estrellas y con la luz de la luna diseco esperanzas que luego sepultaría en una caja. El taxidermista de ilusiones dejo correr el tiempo, pero la angustia de no sentirse útil, bajo circunstancias que lo requerían, nublo sus noches iluminadas y esfumo su arte de coleccionar anhelos.
Desorientado, en tiempos sin luz, no encontró el pasillo que conducía hacia la habitación de sus sentimientos; desalmado, en una vida sin color, quiso dejar de soñar con sus cuentos de buen final.
Se poso en la ventana que daba al patio de sus recuerdos y exprimió su corazón en busca de un mínimo destello de luz que borre las sombras que habitaban en su cuarto. Lo logro y entendió que la razón de sus noches de gloria siempre fue la luz de tu luna que dormía en su ventana.
viernes, 28 de noviembre de 2008
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